El recorte del gasto no sólo corresponde al sector oficial, no, es menester
aplicarlo en el conjunto de la economía, nos referimos a los agentes económicos empresariales.
¿Por qué? A menos que se verifique la ampliación de los mercados a partir del
proceso fabril nativo, no se justifica el gasto en moneda extranjera cuyo grueso no
producimos. Está el objetivo prioritario de sanear nuestra economía eliminando
las garrapatas importadoras que succionan los poquísimos recursos financieros en divisas que circulan en la isla.
El gobierno debe replantear las políticas sociales,
particularmente el enfoque. No podemos seguir con las ayudas improductivas, el
llamado gasto social que no produce nada, constituyéndose en el mantenimiento
de la indigencia isleña. La propuesta en cuestión propende la creación del
ministerio de la producción cuya finalidad básica apunta al incentivo decidido
de la microempresa, unidad de subsistencia de carácter social, no como se piensa,
una entidad evasora de impuestos, prejuiciada en la despectiva concepción de la
informalidad.
El problema esencial de la economía dominicana no es la desaceleración
de los mercados, sino el gasto improductivo. Tampoco es problema de crecimiento
económico, sino de desarrollo que requiere la refundación del modelo vigente de
producción.
El recorte del gasto impacta, como es obvio, en el
empleo. Lo que se pretende es la readecuación del PEA afectado. Ahí tenemos el
caso de Francia cuya solidez económica se le atribuye a un fuerte sector
microempresarial. Nadie puede rebatir la solidez de este modelo de gestión productiva
que ha resistido la profunda crisis de la economía europea.
La austeridad sin la contrapartida en creación de
empleos es un sinsentido económico. No confundir el criterio domestico y el
criterio económico de austeridad. La austeridad económica rehúsa lo innecesario
y acoge, con independencia al costo, lo oportuno para el buen ejercicio económico.