Vivimos, sin darnos cuenta, en un eterno festival de promociones y seudo promociones. Los negocios locales han aprendido a manipular los precios de las mercancías presentándolas con cuantiosas rebajas, es la manera más efectiva de atraer al comprador dominicano, al consumidor de esta media isla que es sensiblemente receptivo a los argumentos de rebaja de precios, les atrae de forma irresistible la compra de mercancías por debajo de su valor, redimiéndose con el descuento, del complejo de culpa de llevar una vida por encima de sus expectativas económicas. La reacción a la promoción con descuento en precios es inmediata, se venden los productos a borbotones, se aduce de forma equivocada, claro, es la magia del marketing, y digo esto porque el marketing bajo ningún concepto es una herramienta de engaño, y quienes así piensan no conocen este valioso recurso, útil para manejar de manera más efectiva la función comercial de la empresa.
Donde se encuentre el dominicano, aquí o en New York, se ubica inmediatamente en establecimientos comerciales de baratillos y promociones, los populares descuentos de temporada, es su modus conficio. Obviamente, fruto de la experiencia, el sector empresarial ha ido mejorando este esquema comercial, así se puede encontrar mercancías de marca a mitad de precio, que en algunos casos obedece a una oferta real, pero en muchos de estos casos la promoción encubre defectos de mercancías, falsificaciones o productos vencidos. Todo este festival de promociones obedece a diversas estrategias de ventas diseñadas para un mercado que compra descuentos y rebajas, y no precisamente mercancías. Inclusive hay un convencimiento tácito, y no menos evidente, que para vender hay que alterar los precios nominales, y lógicamente esta forma de actuar da pie a que aparezcan algunos avivatos que venden las mercancías a su justo precio como precio de descuento, entendiendo así que funciona ese modo seudo comercial. Bueno, se aducirá el alto costo de la vida, que tal como están los salarios actuales no alcanzan para vivir, que todo está caro y que si no se buscan maneras de consumir gastando poco, sería imposible vivir dignamente. Lo cierto es que tenemos referencias muy definidas de mercancías caras en nuestra idiosincrasia de consumo, en contraste con las posibilidades reales de compra, ¿a qué se debe esta aparente incoherencia en nuestro patrón de consumo? Es un hecho digno de estudio que no es común en otros mercados de consumo.
Donde se encuentre el dominicano, aquí o en New York, se ubica inmediatamente en establecimientos comerciales de baratillos y promociones, los populares descuentos de temporada, es su modus conficio. Obviamente, fruto de la experiencia, el sector empresarial ha ido mejorando este esquema comercial, así se puede encontrar mercancías de marca a mitad de precio, que en algunos casos obedece a una oferta real, pero en muchos de estos casos la promoción encubre defectos de mercancías, falsificaciones o productos vencidos. Todo este festival de promociones obedece a diversas estrategias de ventas diseñadas para un mercado que compra descuentos y rebajas, y no precisamente mercancías. Inclusive hay un convencimiento tácito, y no menos evidente, que para vender hay que alterar los precios nominales, y lógicamente esta forma de actuar da pie a que aparezcan algunos avivatos que venden las mercancías a su justo precio como precio de descuento, entendiendo así que funciona ese modo seudo comercial. Bueno, se aducirá el alto costo de la vida, que tal como están los salarios actuales no alcanzan para vivir, que todo está caro y que si no se buscan maneras de consumir gastando poco, sería imposible vivir dignamente. Lo cierto es que tenemos referencias muy definidas de mercancías caras en nuestra idiosincrasia de consumo, en contraste con las posibilidades reales de compra, ¿a qué se debe esta aparente incoherencia en nuestro patrón de consumo? Es un hecho digno de estudio que no es común en otros mercados de consumo.