El país está lleno de gente que tiene un proyecto en la mano, desean vehementemente llevarlos a cabo, ahora bien, aparece un motivo o varios que les ponen un stop, y el proyecto en cuestión se queda ahí, en carpeta, engavetado. El principal motivo, se observa, es la andanada de empresarios que pululan buscando nuevas ideas para explotarlas pero que no quieren pagar, y hacen lo indecible por apoderarse de las nuevas ideas y hacerlas suyas. En el mejor de los casos esta situación manifiesta que hay buenos proyectos, hay creatividad en los dominicanos, lo que no hay es la actitud correcta en la cultura empresarial local, y por ende la institucionalidad requerida para proteger la inversión intelectual.
Otro aspecto que es común es la magnificencia del inversionista de capital numerario, subestimando ostensiblemente el capital intelectual, sin percatarse que ambos son patas de una misma mesa. Pienso que el que tiene un proyecto en la mano debe, en primer lugar, protegerse jurídicamente, visto el ambiente poco amigable que predomina, mucho antes de iniciar gestiones de otro carácter, es decir, proteger su inversión intelectual. Sin este paso previo se está expuesto a cualquier tipo de amenazas, desde la vulgar copia, hasta el engaño de falsas promesas que nunca se cumplirán.
Otro paso de importancia concierne a la evaluación del proyecto por terceros, los aspectos positivos y negativos, no se trata de vender por vender un proyecto, si no de saber qué tenemos entre manos, de manera que se mida la probabilidad o factibilidad de que pueda llevarse a cabo garantizando un margen de beneficio que compense el esfuerzo realizado. Pero ojo, este paso precede a la elaboración de un plan de negocios y no al revés.
Las experiencias de proyectos similares; esos casos son de suma importancia, es el proyecto visto en la fase de ejecución, su desenvolvimiento, cuando no los resultados que va arrojando, no sólo en cuanto a ingresos y beneficios, si no en otros aspectos: organización, recursos humanos, adaptación al contexto, particularmente el social y económico predominante.
Creo que si los dueños de proyectos, cualquiera que sean, agotan esta fase preliminar, los inversionistas aparecerán para luego, visto el ambiente vigente, exploren la posibilidad de llevar a cabo la fase de implementación, dentro de un marco de mutuo beneficio, contribuyendo así al desarrollo de nuevas posibilidades en la economía dominicana.
Otro aspecto que es común es la magnificencia del inversionista de capital numerario, subestimando ostensiblemente el capital intelectual, sin percatarse que ambos son patas de una misma mesa. Pienso que el que tiene un proyecto en la mano debe, en primer lugar, protegerse jurídicamente, visto el ambiente poco amigable que predomina, mucho antes de iniciar gestiones de otro carácter, es decir, proteger su inversión intelectual. Sin este paso previo se está expuesto a cualquier tipo de amenazas, desde la vulgar copia, hasta el engaño de falsas promesas que nunca se cumplirán.
Otro paso de importancia concierne a la evaluación del proyecto por terceros, los aspectos positivos y negativos, no se trata de vender por vender un proyecto, si no de saber qué tenemos entre manos, de manera que se mida la probabilidad o factibilidad de que pueda llevarse a cabo garantizando un margen de beneficio que compense el esfuerzo realizado. Pero ojo, este paso precede a la elaboración de un plan de negocios y no al revés.
Las experiencias de proyectos similares; esos casos son de suma importancia, es el proyecto visto en la fase de ejecución, su desenvolvimiento, cuando no los resultados que va arrojando, no sólo en cuanto a ingresos y beneficios, si no en otros aspectos: organización, recursos humanos, adaptación al contexto, particularmente el social y económico predominante.
Creo que si los dueños de proyectos, cualquiera que sean, agotan esta fase preliminar, los inversionistas aparecerán para luego, visto el ambiente vigente, exploren la posibilidad de llevar a cabo la fase de implementación, dentro de un marco de mutuo beneficio, contribuyendo así al desarrollo de nuevas posibilidades en la economía dominicana.