#141 DECELERACIÓN DE LA ECONOMÍA

Por un buen tiempo hemos sido testigo de excepción del calentamiento de la economía. Esos “prendiones” económicos que causaron corto circuito en la actividad comercial y a la exigua -por no decir ninguna- actividad productiva de la República dominicana, desproporcionado crecimiento de nuestra realidad, sólo concebido en una carrera loca de importaciones, con las exportaciones de eterna cenicienta, un afán fiscalista sin precedentes en Latinoamérica. Pues bien, resulta que la economía ha cambiado: ya no E’palante que vamos sino E’patrás. La deceleración es la impronta que caracteriza las economías de estos tiempos de inicios del siglo veintiuno, y exige obviamente consonancia en las políticas económicas, estructura impositiva, gastos y por supuesto en las inversiones. Lo que afirmamos sin ninguna insinuación es que todos, particularmente el gobierno, hasta ahora el agente económico más dinámico, deben someterse a una profunda revisión a fin de replantear las estrategias propias de una economía tarda, pausada. Afirma don Quijote con la sabiduría que lo caracteriza que “no puede haber gracia donde no hay discreción”. Sospecho que no se están tomando las medidas oportunas por la infeliz opinión de que la economía dominicana está blindada. A la fecha no tenemos noticia alguna de los cambios a los cuales se abocaría el reajuste de la economía dominicana, salvo la tímida medida de reducción del interés pasivo bancario por parte del Banco central, leve por cierto porque en nada ayuda a la economía cuando no se refiere a los intereses activos, los que hiperbolizados, graciosamente y sin sonrojo cobra por los préstamos la banca comercial, que deben –en sano consejo- precipitarse cuanto antes a la baja si en algo deseamos contrarrestar la recesión o deceleración de nuestra economía.