¿Qué ofrece la economía dominicana para resarcir su deteriorada capacidad productiva? ¿Qué política de estímulos está vigente?
Se podría suponer que la sofistificación, el aumento de la complejidad de una mercancía, de un bien de carácter comercial, redundaría en la ampliación del horizonte de consumidores. No es así necesariamente. China, el caso mediático más reciente, comercializa mercancías baratas, de baja calidad, con un éxito notable en todo el mundo. Abundan casos de este tipo. ¿La lección? Alta calidad y competitividad no siempre van de la mano.
Con respecto a la competitividad podríamos enfocarnos a intensificarla, cosa que requiere de inversiones que aún no disponemos en la isla. Lo dable en el corto plazo sería ampliar el horizonte del mercado dominicano –la respuesta no está en el territorio de la isla- incorporando nuevas estructuras de distribución. Lo que planteamos redunda en la dominicanización de nuevos mercados –los mercados externos, la vía de crecimiento de la economía real- que requiere de una estructura de distribución redimensionada, de mayor alcance a la que disponemos, que es exigua por cierto, inspirada sólo para un mercado de tres millones de consumidores, me refiero al limitado mercado nativo, que por demás fue concebido para satisfacer el egoísmo y la avaricia de unos pocos empresarios.
Deberíamos ponerle atención al sector de microempresas isleñas, pues resulta ser el más creativo. No cabe ninguna duda de que la génesis de la futura oferta insular tendrá su fuente en los que no disponen de padrinos.
El planteamiento en cuestión enfoca la competitividad de forma horizontal que, obviamente, incrementa de manera sostenida la presencia de nuestras mercancías en los mercados externos.
Lejos de concentrar nuestros esfuerzos en la captación de inversiones foráneas, la estrategia más beneficiosa se orienta en atraer la industria comercial de los diversos mercados externos, ávida de nuevas oportunidades que justifiquen, con respeto a la conducta moral y social, la satisfacción de sus necesidades básicas, esto es, la ingesta del alimento de los dioses: pan, pan y más pan.
Se podría suponer que la sofistificación, el aumento de la complejidad de una mercancía, de un bien de carácter comercial, redundaría en la ampliación del horizonte de consumidores. No es así necesariamente. China, el caso mediático más reciente, comercializa mercancías baratas, de baja calidad, con un éxito notable en todo el mundo. Abundan casos de este tipo. ¿La lección? Alta calidad y competitividad no siempre van de la mano.
Con respecto a la competitividad podríamos enfocarnos a intensificarla, cosa que requiere de inversiones que aún no disponemos en la isla. Lo dable en el corto plazo sería ampliar el horizonte del mercado dominicano –la respuesta no está en el territorio de la isla- incorporando nuevas estructuras de distribución. Lo que planteamos redunda en la dominicanización de nuevos mercados –los mercados externos, la vía de crecimiento de la economía real- que requiere de una estructura de distribución redimensionada, de mayor alcance a la que disponemos, que es exigua por cierto, inspirada sólo para un mercado de tres millones de consumidores, me refiero al limitado mercado nativo, que por demás fue concebido para satisfacer el egoísmo y la avaricia de unos pocos empresarios.
Deberíamos ponerle atención al sector de microempresas isleñas, pues resulta ser el más creativo. No cabe ninguna duda de que la génesis de la futura oferta insular tendrá su fuente en los que no disponen de padrinos.
El planteamiento en cuestión enfoca la competitividad de forma horizontal que, obviamente, incrementa de manera sostenida la presencia de nuestras mercancías en los mercados externos.
Lejos de concentrar nuestros esfuerzos en la captación de inversiones foráneas, la estrategia más beneficiosa se orienta en atraer la industria comercial de los diversos mercados externos, ávida de nuevas oportunidades que justifiquen, con respeto a la conducta moral y social, la satisfacción de sus necesidades básicas, esto es, la ingesta del alimento de los dioses: pan, pan y más pan.