#302 EL POR QUÉ DE LOS TLC

Los TLC o tratados de libre comercio se cimentan en la exportación de bienes de un país fabricante hacia otros, los importadores. En todo los casos –no hay excepciones a la regla- el TLC constituirá la herramienta de estimulo a la fabricación, a la creatividad, sino, a la difusión de la economía proactiva, de aquella cuya característica corresponde a la permanente iniciativa. Sin embargo, es la situación de la isla, contamos- respecto al TLC- con una economía pasiva, enquistada en la burbuja importadora, dispuesta a engullirse lo que provenga allende los mares. En el contexto productivo importador –produce predominantemente servicios- la proclividad fiscal se enfoca intuitivamente y sin ningún tipo de lógica, en las aduanas y en el consumo. Visto así, para un país importador los TLC se convierten en un rotundo fracaso. La liberación de los aranceles los acogota, el modelo económico vigente se interna estrepitosamente en el terreno pantanoso de la obsolescencia, en la desesperación se recurre al ITBIS, la tabla de salvación, pero el consumidor se resiste a la creciente presión tributaria, atacado inmisericordemente por el conglomerado empresarial importador que asume el rol de recaudador de impuestos. El modelo económico de la isla está pisando la sima de la crisis, severo deterioro que se agudizará mucho más con nuevas reformas fiscales.
Mientras los TLC constituyan en la isla importadora la relación comercial de preeminencia, se amplificará la presión de la prima del dólar a través de los recurrentes negocios del empresario importador, un mercader comisionista, intermediario, en suma el factótum de la industria foránea.
La economía exportadora ostenta crecientes ventajas. El flujo de divisas en el ámbito económico isleño por ejemplo, fruto de la colocación de nuestros productos en los mercados externos, descubre nuevas oportunidades de desarrollo del aparato productivo, consolidando una economía de fortalezas.