Abogamos en su momento por la reducción del tamaño de la economía,
modelo económico viable bajo la sombrilla del ahorro, con decisiones de política
bajo la inclinación a realizar los gastos indispensables. Argumentamos que el
tamaño actual de la economía dominicana escapa a nuestras posibilidades,
decíamos que el incremento sostenido de la deuda externa nos daba la razón.
Existe en la población isleña, con la reforma fiscal
propuesta, la inusitada expectativa de los componentes del ingreso que serán afectados
y los agentes económicos sacrificados, a todas luces una bomba de tiempo de
efectos imprevisibles. Sin embargo, el rejuego fiscal sigue vigente, las
alternativas está ahí. Qué le podría hacer
contrapeso a las enmiendas pretendidas; el relanzamiento del instrumental productivo
a través de un rol distinto al actual, de un abastecedor del consumo local, al
de un fabricante proveedor de las inmensas necesidades de las economías del
exterior, el resto de las economías del planeta, que son muchas, diversas,
aupadas por todo tipo de demanda.
El FMI por su naturaleza persigue la concreción del pago
de la deuda externa, en esto no existe ninguna sensibilidad social. Habrá en su
planteamiento restrictivo diversas figuras financieras que propendan la recaudación
fiscal que les garantice la amortización periódica. Disponer de un flujo propio
de divisas que incremente el patrimonio nacional redundaría en la holgura
financiera que necesitamos para aspirar al desarrollo de un modelo económico con
equidad social.
La reducción del tamaño de la economía sólo nos
garantizaría la disciplina del gasto, no es la solución en sí, solución que
señala el camino del incremento del ingreso. En esto los pesos no componen el
ingreso propuesto, si no las divisas, dinero fresco que sin lugar a dudas debe
captar el conjunto de empresarios locales propendiendo una dinámica de producción
enfocada hacia afuera, no como lo han estado haciendo hasta ahora, a través de
la deuda externa.